>> sábado, 22 de agosto de 2009
La muerte convirtió estos hechos casi nimios en una historia trágica. Y lo anacrónico es una muerte -elegida o no- que tuvo como causa causas viejas: el amor, la militancia. Ya nadie muere por amor o por política o, mejor: ya nadie decide morir de amor o de política. [...]
Seguramente nunca sabremos si María Soledad Rosas se mató. Habrá, después, muchas discusiones, pero casi todos creerán que si lo hizo. Y los que no lo crean no podrán aportar datos precisos, pruebas convincentes, mas allá de la sospecha o de la incomprensión.
Yo suelo creer en su suicidio: sin certeza, con la duda planeando, me parece la historia más probable. Silente, silenciado. el suicidio es una de las principales causas de muerte del mundo contemporáneo, y va creciendo: en los últimos 50 años las tasas de suicidio aumentaron un sesenta por ciento -aunque habría que considerar que ahora se registran muchos suicidios que antes se disimulaban por tabúes religiosos y sociales-. El suicidio, pese al estupor que provoca cada vez, es un enigma muy frecuente. El suicidio es conservador: el suicida supone que el presente dura y permanece, que su desesperación presente va a seguir siendo así por tanto tiempo que ya no le queda nada que esperar. Y es, al mismo tiempo, un canto a la vida: el suicida es un optimista, alguien que admira demasiado la vida como para aceptar que pueda ser solo eso que le esta tocando. No hay nadie, suelo suponer, más optimista -en cuanto a las posibilidades de la vida- que un anarquista, alguien que cree que el hombre puede ser lo suficientemente inteligente y bueno como para no necesitar que lo gobiernen. Albert Camus dijo que "no hay mas que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio." Y así fue desde casi siempre, pero ninguna escuela le dio tanta importancia como los estoicos. Para Séneca y los suyos, el hombre no podría resistir el vacío de la vida si no tuviera la libertad de suicidarse. Esa posibilidad de liberación de esta vida lo ayuda a llegar al día siguiente: si no se mata es porque lo sostiene la convicción de que puede hacerlo cuando quiera. "El pensamiento del suicidios es un consuelo poderoso. Ayuda a pasar bien mas de una mala noche" escribió Friederich Nietzsche. Muchos siglos antes le habían preguntado a Agis, rey de Esparta, como podía un hombre vivir libre: "Despreciando a la muerte", contestó. [...]
El suicidio es esto mismo y lo de mas allá, el azul y el marrón, un perro y su contrario. El suicidio crea, sobre todo, un espacio para suposiciones: es la pregunta final, la que va a quedar para siempre sin respuesta, con exceso de respuestas posibles. Esa pregunta nos dejo Soledad. Todo esto, por supuesto, si es cierto que eligió su muerte.
Martín Caparrós
La vida urgente de Soledad Rosas (1974-1998). Amor y anarquía.
Personalmente y hasta ahora, uno de los mejores libros que leí.

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